miércoles, 25 de mayo de 2011



Día del Libro


Se eligió el 26 de mayo para celebrar el Día del Libro por ser el día en que se inauguró nuestra primera biblioteca pública, a iniciativa de Dámaso Antonio Larrañaga.

autor: www.lamochila.com.uy


Las autoridades de la educación resolvieron en 1939 que el Día del Libro sea celebrado el 26 de mayo con la finalidad de despertar en los escolares "el amor por las buenas lecturas y, a la vez, como acto recordatorio de la fundación de la primera biblioteca pública del país".

Dámaso Antonio Larrañaga

Esta destacada figura que tuvo nuestro país nació en Montevideo, en 1771, y falleció en su quinta del Miguelete en 1848. Vivió, entonces, la última etapa de la vida colonial y el primer período de la República.

Ocupó altos cargos como sacerdote, y fue Capellán de nuestras tropas en la lucha contra los invasores ingleses, trabajando sin descanso en el cuidado de los heridos.

En esos tiempos tan difíciles recorrió el país realizando importantes estudios de nuestra flora y nuestra fauna. Sus investigaciones en Ciencias Naturales fueron citadas por los grandes sabios europeos de la época. Escribió también obras de carácter histórico. Fue asesor, secretario y amigo de Artigas.

Como fundador y director de nuestra primera biblioteca pública, impulsó con dedicación y entusiasmo el progreso cultural del país.

Antes de los libros

Siempre los hombres sintieron la necesidad de comunicarse. Desde hace decenas de miles de años, representaron mensajes o historias. ¡Claro!... Todavía no existían los libros, tal como los conocemos hoy. Lo hicieron en las paredes de sus cavernas o sobre distintos materiales que podían encontrar con facilidad en su entorno.

¡Cuántos de esos mensajes no han podido descifrarse todavía!... ¡Cuántos siguen apareciendo cuando, muchas veces por azar, salen a la luz restos de culturas milenarias al descubrir una nueva gruta o al realizar excavaciones!...

Los libros no habían nacido todavía, pero el deseo de registrar información en una tablita de arcilla, hace cinco mil años, por ejemplo, o el de contar una aventura a través de dibujos en el interior de una caverna, hace diez mil o más, son formas de comunicación que los anticiparon.

Los primeros pobladores de Egipto descubrieron un excelente material para escribir, a partir de una caña llamada papiro.

Cortaban la caña en tiras muy finas, las ponían juntas y luego las cubrían con barro o con pasta de harina. Encima colocaban otras tiras, en ángulo recto con las anteriores.

Machacaban esa pasta y la ponían a secar al sol. Luego la pulían, generalmente con marfil, y así obtenían unas láminas delgadas.

A veces pegaban una lámina a continuación de otra para formar rollos, que podían tener más de treinta metros de largo.

El uso del papiro para escribir tenía una gran ventaja frente a la piedra tallada: era más cómodo de transportar.

Del término papiro deriva nuestra palabra papel.

Dos inventos chinos

1. El papel

Fue conocido en China hace unos 2000 años, pero otros pueblos no supieron cómo lo elaboraban los chinos, hasta hace unos cuatro siglos.

Se preparó con géneros de lino.

¿Qué ventajas ofrecía ese tipo de papel, cuando empezó a usarse? Resultaba barato, porque abundaban las plantas de lino en la región. Además, era más resistente que el papiro y no tan grueso como él.

Actualmente, la mayoría del papel de uso común se hace con pulpa de madera.


2. La imprenta

Hace más de mil años se imprimió en China un libro que tenía seis páginas de texto y una ilustración.

Cada página fue impresa con un bloque de madera en el que se habían tallado los caracteres, como si estuvieran reflejados en un espejo.

Se entintaba ese bloque de madera, se colocaba encima una hoja de pergamino y, al hacer presión sobre ella, quedaba impresa la página.

Unos cientos de años después, los chinos hicieron por separado cada uno de los caracteres en pequeños bloques de madera. Con ellos, como quien arma un rompecabezas, formaban el texto que querían imprimir. Este sistema tenía la ventaja de que después de usados, los bloques podían distribuirse de otra forma y así ser usados nuevamente para imprimir un texto diferente.

Los primeros libros

Si bien te comentábamos que hay “antepasados” de los libros, los primeros libros, tal como los conocemos hoy, significaron un gran adelanto. Ocupaban menos espacio y se podían conservar mejor.

En un principio, cada ejemplar era escrito a mano.

Los monjes se dedicaban a copiar libros, y a veces esa tarea les llevaba toda la vida. Era un trabajo muy duro especialmente en invierno, porque a pesar del frío estaba prohibido usar fuego para calentar las habitaciones, por temor a que los valiosos ejemplares existentes o las hojas de pergamino se quemaran por accidente.

Un copista de aquella época escribió en uno de los volúmenes que copiar un manuscrito “nubla la vista, curva la espalda, machaca las costillas, atenaza los riñones y deja todo el cuerpo dolorido”.

Otras personas ponían los títulos y decoraban los bordes. Esos libros eran muy caros. Para que tengas una idea de su precio, te comento que un hombre de aquella época pudo comprar una casa de campo con el dinero que le pagaron por uno de los libros que vendió.

Juan Gutenberg

La imprenta inventada por los chinos no se conoció por mucho tiempo en otras partes del mundo. Sin embargo, con ideas parecidas a las que ellos manejaron, trabajó este alemán que nació en Maguncia, en 1399, creando una imprenta a mediados del siglo XV.

Poco se sabe de la vida de Juan Gutenberg. Sí se conoce que a los quince años se dedicó a pulir piedras y a la fabricación de espejos. Poco después empezó a trabajar como impresor.

Primero grabó cada texto en un bloque de madera. Luego grabó cada letra en bloques más pequeños, tal como habían hecho los chinos.

Notó que esas letras no duraban mucho tiempo, ya que la madera no es un material resistente a la presión que se hace sobre ella para imprimir. Entonces, un obrero muy hábil que había contratado, tuvo la idea de grabar las letras en metal, perfeccionando así el trabajo de su maestro.

En 1455, Gutenberg presentó al mundo su primer libro impreso. Se trataba de la Biblia, encuadernada en dos grandes tomos.

Todos estuvieron de acuerdo en que la imprenta ofrecía las ventajas de lograr gran cantidad de ejemplares a la vez, resolviendo el problema del costo y del tiempo, ya que el trabajo se terminaba mucho más rápidamente.

Gutenberg falleció trece años después de entregar a la humanidad su maravilloso invento, que otros continuaron y perfeccionaron. Unos cuatro siglos después de su muerte, los ciudadanos de Maguncia levantaron una estatua en su memoria.

Escribió Generoso Medina: “A él se debe la liberación del pensamiento escrito y que actualmente no existan libros encadenados como en la época en que siendo tan escasos y costosos, colocábanse muchas veces, en las catedrales, ejemplares para el público, asegurándolos con cadenas para que no los llevasen, según lo atestigua una fotografía de los libros existentes en la catedral de Hereford.”

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