sábado, 28 de mayo de 2011

Dámaso Antonio Larrañaga






Dámaso Antonio Larrañaga, en 1815, nos brinda algún dato más específico cuando que visita al jefe revolucionario en Paysandú:

“... A las cuatro de la tarde llegó el General, el Sr. D. José Artigas, acompañado de un Ayudante y de una pequeña escolta. Nos recibió sin la menor etiqueta. En nada parecía un general: su traje era de paisano, y muy sencillo: pantalón y chaqueta azul sin vivos ni vueltas, zapato y media blanca de algodón, sombrero redondo con gorro blanco y capote de bayetón eran todas sus galas, y aún todo eso pobre y viejo. Es hombre de una estatura regular y robusta, de color bastante blanco,
de muy buenas facciones, con la nariz algo aguileña, pelo negro, y con pocas canas: aparentaba tener unos 48 años ...”
LARRAÑAGA, Dámaso A. “Selección de Escritos”, Montevideo, Biblioteca Artigas Colec. Clásicos
Uruguayos, 1965, p. 93





El terutero y la tortuga


Preséntase un valiente terutero

armado de guerrero,

con uniforme blanco y gris completo,

penacho negro con bigote y peto;

el pico y pies de carmín teñidos,

y en sus alas dos dardos encendidos;

centelleantes y rojos

tenía sus dos ojos:

todo indicaba en él sangre y muerte…

a una tortuga hablaba de esta suerte:

–“Sabio amigo: tú a quien varios fracasos

han hecho mesurados tus lentos pasos,

vengo desesperado, y de pelear cansado.

Sabes que soy animoso,

vigilante y celoso;

mas anoche, ¡infeliz! Tengo perdido

a todos los hijuelos con mi nido,

y cuento muchos años

que sufro iguales daños,

mientras que los demás tranquilamente

duermen sin menoscabo de su gente.”

–“¡Ay! Mísero de aquel que al león despierta,

pues a mil males abrirá la puerta!”

Así habló la tortuga mesurada
a su buen camarada:

“Haz que de noche tu familia calle

y no atormente ni perturbe el valle;

duerme cual yo y los otros compañeros,

no seas charlatán y vocinglero,

pues pones al que está durmiendo alerta

y al que te acecha te haces descubierto.

Deja que duerman águilas y halcones,

no llames búhos, zorrillos ni hurones.” Y

siguiendo el consejo

del mesurado viejo,

el terutero logró al fin su cría.

Así yo exclamaré, por vida mía:

sabio silencio mil males evitas

en los que charlatán te precipitas.




Dámaso Antonio Larrañaga

(1771 – 1848)

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